La cifra de «carga del 0 al 80% en 45 minutos» que aparece en la mayoría de las fichas técnicas de cargadores rápidos es real, pero depende de varios factores que conviene entender antes de tomarla como una promesa absoluta.
Con un cargador de 40 kW, un vehículo con una batería de tamaño medio (unos 50-60 kWh) puede alcanzar el 80% en torno a una hora. Con 60 kW ese tiempo se reduce de forma notable, y con 120 kW muchos vehículos compatibles bajan de los 40-45 minutos, siempre que el propio coche pueda aceptar esa potencia.
Aquí está el matiz importante: el cargador entrega la potencia máxima que soporta, pero es el vehículo, a través de su BMS, quien decide cuánta acepta en cada momento. Un coche cuya potencia máxima de carga DC son 50 kW no cargará más rápido en un cargador de 120 kW que en uno de 60 kW.
Además, la velocidad de carga no es lineal: los primeros minutos, con la batería baja, la potencia aceptada es alta; a medida que se acerca al 80-90%, el propio BMS reduce la potencia para proteger la batería. Por eso casi todos los fabricantes hablan de carga «hasta el 80%» y no del 100%: el último tramo siempre es más lento, sea cual sea la potencia del cargador.