Controlar quién puede usar un cargador —y poder facturar correctamente cada sesión— es tan importante como la propia carga técnica de energía, sobre todo en instalaciones compartidas o de uso público.
La autenticación por tarjeta RFID o NFC es la más extendida: el usuario acerca una tarjeta o su móvil al lector, el sistema valida sus permisos y arranca la sesión. Es un método sencillo, rápido y compatible con tarjetas corporativas de flota, lo que lo hace muy popular en entornos empresariales.
Plug & Charge da un paso más: el propio vehículo se identifica automáticamente ante el cargador mediante certificados digitales integrados (bajo el estándar ISO 15118), sin necesidad de tarjeta ni de app. El usuario simplemente conecta el cable y la sesión arranca y se factura de forma automática.
Para un operador, la elección entre uno u otro método depende del control que necesite: RFID y NFC ofrecen gestión de acceso robusta y sencilla de implementar hoy; Plug & Charge ofrece la mejor experiencia de usuario, pero requiere que tanto el vehículo como el cargador soporten el estándar ISO 15118 de forma completa.